Y ya ves

Y ya ves, como al final del laberinto

te vas dando cuenta  que no eres tan importante

que no eres tan grande, como hubieras creído

que no creciste más que un arbusto polvoriento a la orilla de la orilla

que no das la talla, la estatura  precisa

para elevar tus huesos, tanto

que si alargaras los brazos alcanzarías el racimo de uvas de la vida

y lo asumes mansamente entre lagrimitas cobardes y anónimas

entre lágrimas solas

mides palmo a palmo de la cabeza a los pies

la estrechez, que de ti queda

antes de hundirte dos metros bajo la tierra húmeda y salada

para empezar a crecer hacia abajo

alimentando humus, silencios, cardos

pastos resecos que el viento mueva

para llegar a ser, otra vez

esa nada primigenia y fugaz

que intentó ser vida pero se quedó estancada

a la entrada voraz del laberinto.


balthus

Desnudo con gato 

Balthus


La desilusión

La desilusión

de un solo golpe, mata

es cuestión de administrarla

dejarla llegar, de a poquito

que se vaya instalando en cada  hueso de la mano

en cada cabello

en el olfato

en el temblor ansioso de los labios

en la memoria prodigiosa

uno por uno los dardos de sus diez letras

uno por mes

en la sien

en el ardor de la saliva

en el  cuello que se dobla por su peso

cada semana

en el costado izquierdo

dejarla hundirse en las palmas de las manos

en las plantas de los pies, como grietas de cansancio

cada día

en la espalda que se vence, en las rodillas que flaquean

untar sus ungüentos suavemente

en la cara, como líneas que el tiempo ha bordado desde siempre

cada noche, despacio

en cada plegaria

en cada gemido o grito liberado

en cada copa de vino que se olvida

intacta

dejar instalarse a la desilusión

arrellanarse, adueñarse de uno

dejarse seducir por ella, de una forma tan sutil

que no quede huella de ilusión vivida

ni una señal, ni un solo rastro brillante 

del polvo azul de la maravilla.


La maravilla

arlequines-en-rojo1

 

Sueles llegar, con retazos de sueños en las manos

para mi

un pensamiento

el sabor de los dulces del desierto

la noticia de que un día me pensaste

una alegría oculta en tu camisa

traes en los labios

besos acumulados de días y de noches

los dejas caer como lluvia  en los míos

me inundas, me atragantas, me emborrachas de tí

y yo te espero siempre

con un baile de arlequines  en el pecho

en la boca

la expectativa dulce de morder  la maravilla

te espero

con el alma en el hilo del deseo.


Corazón llamarada

Corazón como fruta

traspasado de agujas  y de herrumbre

sus dos mitades

bordadas con las cintas de ortiga de los miedos

amarradas con los negros listones de la noche

corazón coraza

hostigado por mediocres piedades

por marchitos despechos trasnochado

inmune y terco

en espera, esperanzado

de ver quien lanza la primera piedra

quien sentencia y maldice

con su mano santa del oficio

quien enciende la hoguera

corazón llamarada

y sin embargo, vivo.


A tientas

Cómo navegamos en el miedo

con nuestros secretos como remos

para vivir un sueño salvo, bajo las sábanas húmedas de sudor

estremecidos

solos

arropamos la angustia, pretendemos descanso

pero, siempre,  sin desearlo

inoportunamente

se despliegan escaleras de bajada

caminos de aguas tumultuosas para rodarlos río abajo

habitaciones que conocimos y guardaron nuestres cosas

noches rotas por un grito ahogado

por un silencio incompartido

navegamos

siempre

en la fría oscuridad de los abismos

a tientas

vislumbramos con las manos la tersa calidez de la esperanza

y lentamente

despertamos

cuando el polvo amarillo del amanecer

nos levanta y nos viste.