Luego, la paz

Luego, la paz

la seda para acostar al alma y acariciarla

suave, lento, bonito

hacerle piojito, contarle los lunarcitos de su espalda

la cunita mullida para dormir la mente y dejarla descansar un rato

nada mas un momento

para que no se mal acostumbre

hay días así

luminosos, transparentes, como jirones de terciopelo azul

colgados en la ventana

días que nacen en otro punto cardinal

desde otra aurora

como dulce de algodón de azúcar, se deshacen en la boca

y así, desaparecen

pero dejan ese rastro de feria

el cuerpo y el alma de fiesta.

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2 comentarios on “Luego, la paz”

  1. Ernesto dice:

    Me descubro ante tí, leer tus versos es sentir.

    Abrazos

  2. miriadas dice:

    Oye, que lindo descubrimiento, gracias por hacérmelo saber.

    Flora


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