Con las luces de la noche llega
Publicado: 6 julio 2011 Archivado en: de locura y olvido, Narrativa Deja un comentario »Puede salir, rodar por las calles ardientes y polvorientas, ir, venir, sudar, reír, encabronarse, aburrirse hasta la madre. Puede llegar a un bar abierto al mediodía, beber una cerveza sin espuma, respirar el humo revuelto con olor a excusado, quedarse una hora o tres, escuchando y mirando, dos hombres discutiendo sobre política, con la cara abotagada por el alcohol, sudorosos y desalentados. Una mujer que habla con vehemencia, con el cantinero sobre los designios inexorables del karma, mientras intenta inútilmente limpiar, con una servilleta de papel, una mancha en su zapato. Puede salir de la cantina, con la borrachera del calor o el sueño, sostenerse brevemente en la pared, y caminar un poco, sin rumbo, sin sentido. Puede llegar a casa, porqué no? tumbarse en una siesta, soñar incluso, hasta que la necedad de una mosca rompa el sueño. Quedarse inmóvil en la cama mugrienta, mirando las cortinas de telarañas, las manchas en las paredes, que vistas con cuidado, entrecerrando los ojos, parecen caras, rostros desconocidos, con actitudes y enigmas insospechados. Puede tirar el día hasta que las luces de la noche lleguen, con sus urgencias y volver a rodar, calle abajo, en busca de… por… solo un poco mas, la última puta vez.
