Silencio

Hoy te esperé, mi piel y mis sentidos te esperamos; limpié la casa como si la fueras a ver, tallé los pisos tres o cuatro veces, por si caminabas descalzo, llené de flores el espacio: amarillas, rojas, lilas.  Al atardecer, las velas se encendieron casi solas; qué van a decir las flores y las velas de silencio, siempre callan, pero mi piel, que no suele callar y tampoco sabe de treguas, se encendió para verte, traté de convencerla con un baño de canela miel y clavo, suavizado con pétalos de rosas, pero me traicionó; las flores, las velas y mi piel no mienten. Te esperaban, aún te esperan, bajo el cristal de roca de la luna llena, el perfume dulce del ambiente.  El vino aún no ha llegado, con esa borrachera lenta que desarma el alma y nos hace reír, bailar y sentir como dioses; no has llegado tu, ni tu calor, ni tu risa; pero el recuerdo es mas fuerte, mas intenso que tu voluntad y la mía, y se hace presente, nos revive amando, nítida, desesperadamente.  Dudo que un hombre pueda resistirse a regresar por su recuerdo, y no has de ser tu, que amas como hacer poesía, que amas de antemano ese recuerdo, esa imagen que se quedará por siglos, bajo la pátina dorada de la añoranza. Has de volver y he de esperar a que vuelvas.

~ por miriadas en 04am08o 25 2008.

2 comentarios to “Silencio”

  1. ¡ Cuánta desesperanza! y aunque tiene ese tono agudo y muchas veces ávido de la desesperanza, también tiene ese otro complemento en el que muestra una manera de concebir el amor, un amor construido en la total entrega…

  2. Aún en la desesperanza cabe la esperanza, pero uno no lo dice para que no se arruine. Un abrazo

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