De tus manos
la luz
el día surge
brilla tu piel
como brilla el sol, en monedas inasibles bajo el agua
la tarde se hace un minuto eterno en el ocaso
pero mis ojos
no pueden mirarlo
penden de ti, en medio de la ola.

De tus manos
la luz
el día surge
brilla tu piel
como brilla el sol, en monedas inasibles bajo el agua
la tarde se hace un minuto eterno en el ocaso
pero mis ojos
no pueden mirarlo
penden de ti, en medio de la ola.
Me hago de la oscuridad
lo mismo que la noche
de mis manos crece un velo interminable y denso
cubre el árbol, el día, la nube
deja afuera la luz empecinada del otoño
En mi pecho florece una amapola
de terciopelo negro, sin aroma, sus pétalos se elevan
su sombra me traspasa
como una lava ardiente se vuelve un río violento
me contiene
lentamente me disuelvo
soy la piedra
un grano de arena del arroyo
una gota de frío
no amanece.
A veces, ni yo quisiera oírme, pero me asusta el silencio
y dejo rodar palabras vacías
sin sentido
sin eco
son esos días turbios
en los que el silencio es la caja de pandora
que en un descuido se abre
y deja escapar los truenos de la angustia
el frío húmedo y gris del desconsuelo
en esas horas lentas
quisiera
una frazada roja
una música viva que ocupara el espacio
el cálido aroma del café
una voz
tal vez
un fragmento del muro
un eco.
Cómo puedo acariciar tu corazón con la mirada
darte a beber
una onza del agua que te alivia la sed
cómo puedo, con mis manos
ahuyentar los pájaros negros de la soledad
que a veces, te siguen
y se quedan, a lado de tu sombra
cuando estás conmigo
cómo puede mi latido decirte
que tu eres mi agua, mi caricia, mi fé
mi aliento, mi vuelo
mis palabras
que eres
también
las alas encendidas de mi desasosiego.
Un cuadro más
para esta galería de recuerdos
la imagen del fuego
la piel que se unta de reflejos
el calor que emana aromas conocidos
habitaciones que sueñan acordes
voces, susurros
pasos apagados
la música lenta de no estar solos
la casa
por un instante vive
iluminada de claroscuros ambarinos
de sutiles naranjas
y de brillos de cedros aromada
miradas, manos, alientos
el temblor de los labios encontrados
terso es el calor del vino en la garganta
tersa es la vida desde allí vivida
cálida y leve.
La memoria guardará lo que valga la pena. La memoria sabe de mí más que yo; y ella no pierde lo que merece ser salvado.
Eduardo Galeano
Dejo rastros de luz, lo mismo que de sombra
suelo arrastrar barruntos de tormenta
relámpagos oscuros, cómo estrellas apagadas
destellos capaces de cegar a los pájaros ciegos
claroscuros cotidianos
dejo regados a mi paso
mitades
fragmentos
rebabas de la vida
guardo para mañana, del fuego y de la luz
el resplandor primero
llevo en las manos la última gota de rocío
fuego fatuo en el alma
luz y sombra en las venas
la memoria que me habita
es el recuerdo de la luna, en la noche mas negra.
Hoy quiero ser mar
transparencia líquida
verde cristal que se disuelve en la ola
arena y sal
ser una lágrima azul
un deseo roto
una caricia dibujada en el aire
el reflejo tenue de un perfil de gaviota
como línea en el agua de la madrugada
ser agua
ser leve.
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